miércoles, 23 de enero de 2008

Immigration, why?

Hoy voy a ponerme en plan filosófico (lo siento), porque necesito escribir sobre algo que me ha venido a la cabeza ésta mañana, sobre las 5.30 am. para ser exacto, mientras andaba a -15ºC bajo una persistente tormenta de nieve. ¿Porqué emigramos?.

Primero, deberíamos excluir las dos razones principales que son fuerza mayor, como por ejemplo, el hecho de emigrar para sobrevivir, desde países donde la vida tiene menos valor que el precio de una bala, plagados de guerrillas autocomplacientes y dictadores megalómanos, ó simplemente porque las condiciones en el país de origen hacen un auténtico logro conseguir llevarse a la boca un puñado de arroz. Digamos que en éste caso la emigración no se elije, es un clavo ardiendo en una situación extrema.

El segundo caso sería por amor, éste tampoco deja muchas opciones, es decir, cuando se quiere a álguien, y para poder estar con esa persona hay que cambiar tu país por el de tu pareja, se le da menos vueltas al asunto que cuando uno decide si marcharse o no por apetencia personal.
Es curioso que éste sea realmente uno de los motivos más relevantes a la hora de cambiar de país, con todo lo que ello conlleva: trabajo, idioma, vínculos familiares... ¡hay que ver lo que hacen las hormonas!.

Pues bien, si descartamos éstas dos posibilidades, ¿qué es lo que mueve a una persona a desplazarse a miles de kilómetros de su cultura, alejado de su familia y amigos?.

Es curioso, porque los que llevamos unos años viviendo lejos de casa, sabemos que no hay ningún país perfecto, que siempre hay pros y contras, que tendemos a idealizar los lugares que no hemos visitado, y que la llegada por normal general es dura, y sin embargo lo hacemos, ¡extraño animal el ser humano!.

Incluso cuando se emigra en pro de un trabajo mejor, mejores condiciones económicas, etc... existe un periodo de reajuste, es decir, hay que llegar, ponerse al día con el idioma (en caso de hacer falta), pequeñas (¡o grandes!) batallas burocráticas con el sistema receptor, acondicionamiento al nuevo entorno, lo que se traduce en una especie de empeoramiento inicial en la calidad de vida del que se expone al cambio, pero aún sabiéndolo, nos embarcamos.

Parece como si precísamente ese "sufrimiento" fuese parte de los incentivos. ¿Cuántos de los que habéis pasado por esa fase una vez, habéis repetido al de un tiempo en un país distinto?. Masocas insaciables...
Supongo que el mismo impulso que ha movido todo tipo de culturas desde hace miles de años, haciéndonos establecer en los más recónditos lugares del planeta, como los Polinesios, que teniendo abundante comida, buen clima, maravilloso entorno, abandonaron todo y se dedicaron a descubrir casi todo el Pacífico con sus primitivos barcos hace unos cuantos miles de años.
Ese mismo impulso persiste hoy dentro de nosotros de manera natural, como un instinto que frenamos con nuestra rutina, obligaciones sociales, etc... pero que reporta increíbles momentos, y amplia tu propia perspectiva del mundo, enriqueciendo de manera notable el más importante de nuestros objetivos en el corto periodo de tiempo que existimos: vivir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablas con Colon y Nizsche, un filosofo viajero.
Bravo

Manu dijo...

Muy reflexifo y muy interesante el tema,no puedo estar mas de acuero contigo.
salu2