
Atrás dejamos la florida y lluviosa Oregón.
Área de descanso de lo más bucólica.

Cuidadín, osos cruzando la autopista...

Motel con pinta un poco lamentable, pero la mar de auténtico, al sur de Oregón.
Sin duda, uno de los alicientes de entrar en California por el norte es la visión del enorme Monte Shasta, otro más de la cadena de volcanes que pueblan el oeste americano. Digo otro, porque hace unos días ya os hablaba del Mount Hood, en Oregón.
A pesar de no haber entrado en erupción en los últimos 600 años, se temió que despertase cuando el Mount St. Helens, próximo a Shasta, causó la catástrofe de 1982.
En cualquier caso, la visión de sus más de 4.300 metros impresiona incluso "dormido".

Éste es Black Butte, "hermano pequeño" del monte Shasta. Erupción volcánica que no logró salir por el cráter principal y trepó por donde pudo.

Unos kilómetros al sur del monte encontramos el Lago Shasta.

Curioso paisaje de Central California, se acabaron los bosques.

¿A qué viene éste cartelito?, pues resulta que me pasé unos cuantos años cantando un tema de la Creedence C.R. que hablaba de cómo intentaba hacerse un hueco en el mundillo musical, y acababa siempre sin demasiado exito en Lodi (título de la canción), así que me hizo gracia parar allí a repostar después de tanto tiempo. Os dejo el tema por si no os suena:
Después de cargar plátanos en Port Hueneme, a buscar vías alternativas para evitar el tráfico de salida de Los Angeles, resultado:
¡No hay vías alternativas!

"Casitas coquetas" estilo Topanga Canyon.
Y para acabar por hoy, éste enorme Joshua Tree que nos daba la bienvenida al desierto Californiano.
¡Abrazos para tod@s!




