En cualquier caso, aprovechando que pasábamos de día, y a pesar de la persistente lluvia (nimio problema para un Bilbaíno como yo), decidimos hacer una visita a las cataratas de Crazy Creek, que se encuentran junto a la autopista Transcanadiense, a medio camino entre Sicamous y Revelstoke, en British Columbia.
Lo mejor fue, que con la que estaba cayendo, allí no había un alma.
El lugar es simplemente impresionante, y es una lástima que las fotos no puedan transmitir el ensordecedor ruido que hace el agua al caer con semejante virulencia.
Me gustó mucho más que las archiconocidas del Niágara en Ontario, que aún siendo mucho más grandes, se encuentran en un lugar un tanto "insípido", rodeadas de hoteles, etc... En cambio, las Crazy Creek Waterfalls están en medio de un típico bosque de British Columbia, con musgo por todas partes, árboles enormes, animales... un entorno mucho más natural.
Aparte de las cataratas en sí, el reclamo turístico es, sin duda, el enorme puente colgante de madera que cruza el cañón por encima de las cataratas.
El movimiento del puente al caminar sobre él, no es apto para el que sufra de vértigo.

Indiana Jones habría necesitado algo más que una espada para cortar esos cables...
Slippery when wet

Esa carretera que cruza sobre las cataratas, es la "autopista" Transcanadiense (Pongo entre comillas, porque como podéis ver, el ancho de la carretera es como el de una comarcal entre Cangas de Onís y Langreo). Idílico paraje.
Estuve mirando a ver si veía Ewoks, pero debía ser la hora del almuerzo...
Carcasas de las tuberías hidroeléctricas que utilizaban los leñadores que moraban por aquí a principios del 1900. Servían para mover el molino que se encontraba en la base de la montaña.
Pues por el momento... "ésto, ésto, ¡ésto es todo amigos!"







