jueves, 20 de octubre de 2011

After the storm

Port Hope, ONPort Hope, ONPQ


Los Grandes Lagos. La reserva de agua dulce más grande del planeta, un lugar repleto de parajes en los que perderse, canoa en lo alto del coche, dispuestos a abordar alguna de sus miles de islas, repletos de vida salvaje. Sólo tienen un pequeño incoveniente...

Cuando a la Madre Naturaleza se le cruzan los cables, que como sabrán los que hayan pasado una temporada en el continente americano es más a menudo de lo que debería, Los Grandes Lagos generan unas tormentas dignas de ser comparadas con el diluvio universal.
Ayer por la mañana me levantaba en La Salle, Illinois, no muy lejos de Chicago, con la única preocupación en mente en mi trayecto hasta St. Laurent en Quebec, de pasar sin mayores problemas la frontera de Detroit con Windsor, en Ontario, posible inspección del departamento de agricultura por llevar una carga de productos cárnicos, lidiar con los suicidas que se ponen al volante en la Ciudad del Motor en Michigan, y poco más.
Lo que no me esperaba, aún con esos nubarrones un tanto sospechosos y la ligera lluvia que empezaba a caer, era el calvario que fueron las veinticuatro horas siguientes.

Desde Benton Harbor en Michigan, hasta que he dejado hoy el trailer en las proximidades de Montreal, el viaje completo, mil doscientos kilómetros, o lo que es lo mismo, unas catorce horas de conducción bajo una incesable sucesión de tormentas, a cual más virulenta.
El asfalto cubierto por una capa de agua de unos diez centímetros que hacía imposible distinguir las líneas que delimitan los carriles, así que tuve que ver cómo numerosos vehículos danzaban de un lado a otro de la calzada intentando seguir una línea más o menos continua, siendo a la vez testigo de cantidad de accidentes por alcance. Los chapistas frotándose las manos.

Además, como las carreteras por aquí suelen tener un desnivel importante en ambos lados, algunos se encontraban con charcos del tamaño de piscinas olímpicas.
Eso junto con el ya de por sí loco tráfico de la autopista 401 en Ontario, hicieron del día una auténtica tortura.
Sólo ha parado de llover unos minutos ésta mañana cuando he tomado las fotos, y ahora mismo mientras escribo éstas líneas, el resto, una incesante y encabritada lluvia que hacía que los limpiaparabrisas a máxima velocidad no consiguiesen dar abasto.

Una verdadera gozada el clima de la región de los Grandes Lagos, prefiero no pensar en lo que habría sido en Enero con unos cuantos grados menos.

1 comentario:

Borja dijo...

Qué guay...Qué bien me lo voy a pasar...

Me gustan las fotos de reflejos, las simetrías sobre todo...